Inteligencia emocional




¿Cómo aplicar la sabiduría del corazón en la vida cotidiana?



Los seres humanos contamos con un conocimiento poderoso: el de nuestras emociones. Ellas nos enseñan que muchos problemas frecuentes se pueden resolver sintiendo, más que pensando.

¿Nunca se ha preguntado por qué alguien muy inteligente, a veces, puede comportarse de una manera tan inexplicable? De eso se trata, de desentrañar la enorme distancia que existe entre el saber académico y ese otro mundo que nos habita, una segunda mente que también gobierna nuestras acciones y que expresa la denominada Inteligencia Emocional. A ella, le debemos habilidades como demostrar empatía, tener esperanza, sobrevivir a decepciones, etc. Cuando el ser humano está en armonía, la cabeza y el corazón interactúan completamente para constituir nuestra vida mental. La mente racional es la parte reflexiva, analítica y meditativa. La mente emocional es impulsiva e ilógica, aunque también contiene sabiduría. Popularmente, este antagonismo entre emoción y razón se conoce como la "lucha" entre el "corazón" y la "cabeza"." Cuando alguien sabe algo porque se lo dice su "corazón", goza de una inquebrantable convicción; en cambio, cuando algo entra por la "cabeza", siempre alberga un margen de duda.

La mente emocional es mucho más rápida que la mente racional. Entra en acción sin detenerse ni un instante a reflexionar o a analizar sobre lo que está haciendo. El beneficio de este enfoque emocional es que se puede percibir más fácilmente cuando alguien está triste o miente. Gracias a esto, intuitivamente sabemos cómo debemos actuar, si debemos confiar o si tenemos que ser más reservados. Como afirma el doctor Daniel Goleman, quien popularizó el término "Inteligencia Emocional": "la mente emocional es nuestro radar para percibir el peligro". La primera impresión frente a cualquier cosa siempre viene del "corazón" y no de la "cabeza".

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